Por qué tu obsesión por los resultados medibles daña tu negocio

En este caso me quiero dirigir a ti, emprendedor o trabajador de la vida real que con tus más y tus menos sacas todos los días bastante trabajo adelante y tienes la (generalmente buena) costumbre de ir buscando resultados concretos y medibles.

Generalmente, insisto, generalmente, medir tus resultados está bien, pero la obsesión por lo medible no solo no ayuda a tu negocio sino que te perjudica.

Y para que no se quede esto en un abstracto de “bueno, sí, como todo en la vida. Hay que encontrar el equilibrio” en este artículo no solo te digo eso, sino que voy más allá y quiero enseñarte que hay cosas que jamás podrás medir o concretar y no por ello son menos serias o imprescindibles.

Así que veamos ahora qué te está costando hoy en día esta obsesión por lo medible, cómo se frena y qué ganas si lo consigues.

La obsesión por medir

Primero, lo primero. Esta obsesión no nace porque sí.

Medir resultados es una muy buena práctica y casi diferencia en niveles bajos al emprendedor que crece de manera fiable del que se estrella periódicamente guiado por su intuición.

Es tan cómodo poder decidir fiablemente en base a numeritos que ahí es donde el medir se puede convertir y se convierte para muchos en una obsesión.

¿Por qué? Porque estás buscando fiabilidad en donde no puede haberla.

Y lo que es más, te puedes hasta generar un contexto en el que crees que lo que no está demostrado con numeritos, ¡no funciona o no existe! (¡pero menuda aberración!)

Pues no señor. Ahí lo que tienes es una limitación.

Estás limitado por tu obsesión con medir y tenerlo todo controlado y todo lo que no sepas medir ni controlar fácilmente es lo que va a hundir tus resultados.

¿Qué ganas si la frenas?

El lado oscuro de los indicadores lo conoces de sobra porque seguro que te has quejado más de una vez de indicadores que no tienen sentido. Indicadores del gobierno, de marketing, en el trabajo, etc. Y la buena noticia es que si es posible deshacerte de ellos.

A algún manager iluminado se le ocurre, por ejemplo, que para contratar los de recursos humanos tienen que hacer entrevistas y ¡ala! Les ponen un objetivo a todos los de recursos humanos de hacer más entrevistas. ¿Y qué hacen los de recursos humanos? Por supuesto: entrevistan a gente que ya saben de antemano que no van a contratar para rellenar el cupo y la empresa pierde doblemente.

Pues si eres autónomo, o empresario o trabajador por cuenta ajena y estás leyendo esto quiero que entiendas que todo el mundo tiene una explicación para hacer cada tontería que hace. Y que vistos desde fuera, no somos más listos que las empresas tradicionales.

Es más, es casi seguro que si hacemos las cosas sin cambiar ningún paradigma, acabemos al 100% repitiendo exactamente las mismas tonterías que hacían las empresas tradicionales.

Entonces, ¿qué gano si paro de medirlo todo?

Pues no solo no cometo todas estas pérdidas innecesarias de tiempo, sino que me abro la puerta a opciones que otros no ven, que en niveles superiores de empresa son totalmente necesarios (y denotan genialidad).

En resumen: saber no buscar numeritos en ciertos entornos te va a permitir resolver de manera genial situaciones dónde otros se perderían por numeritos sin sentido o ni entrarían.

Esto además es especialmente útil en entornos muy desconocidos o muy complejos (como el desarrollo personal, el marketing, o el emprendimiento, por ejemplo) donde por el hecho de que hayas medido un numerito concreto no deberías correr “a sacar conclusiones” porque puede haber mil variables detrás que ni has medido ni podrías medir jamás, ni tampoco se suele dar una relación causa-efecto inmediata.

¿Qué hacer entonces?

En el ejemplo de antes de los recursos humanos, una alternativa a controlarlos con indicadores es no simplificar, pretender que sabes que lo que le falta a los recursos humanos y aplicarles un indicador para controlarlos.

Si quiero eficazmente que contraten más, en vez de la opción “vaga” de mandarles un indicador cutre, me bajo dos plantas al departamento de recursos humanos y le pregunto a Marta López “Hola mira, soy el jefe del jefe del jefe de tu jefe. ¿En qué podría ayudarte desde la dirección para que contrataseis más que ahora mismo lo necesitamos mucho?”

Y a lo mejor te llevas la estúpidamente simple respuesta de “Podríais hacernos una cuenta de LinkedIn profesional a cada uno porque perdemos la mitad del tiempo buscando y entrevistando a candidatos malos” que tú ni sabías que no tenían.

La mayoría de veces, que no te quepa la menor duda: lo hacemos “por ahorrar energías”. Ya pero no puedo hablar directamente con una de recursos humanos, si hablo con su jefe vendrá el jefe de su jefe, entonces me llevará un día porque querrán hacer nananá… y al final mejor ponerle un indicador y mira “resuelvo” en 5 minutos lo que si no me lleva un mes.

Solo que ni has resuelto en 5 minutos ni es seguro que hayas mejorado lo anterior.

Me resultaría imposible dar en el clavo con el fallo que cometemos cada uno de los que estamos en este blog pero seguro que en la cabeza tienes más de una idea de tema que quieres conseguir pero no sabes cómo medir y al resultarte fangoso y poco práctico lo vas posponiendo más y más.

Pues bien: la alternativa que te traigo hoy es pensarlo al revés. ¿Y si empezase a hacer acciones que me parecen positivas y pertinentes al respecto sin tanta preocupación por medir desde antes su impacto?

Un último ejemplo para que cuaje

Como último caso práctico quiero que te fijes en un ejemplo conocido de tema que todos sospechamos que es importante, es difícil de medir, hay información contradictoria y aunque no tengamos información suficiente ya hay que posicionarse hoy y cuanto más se evita peor se pone: el cambio climático.

Con el cambio climático se ven todo tipo de países:

  • Los que están plenamente comprometidos, investigando y reformando su propia industria para tenerlo en cuenta
  • Los que hacen medidas porque se huelen que algo no va bien pero tampoco van a hacer ninguna medida que les perjudique
  • Los que se comprometen al estricto mínimo porque este tema “les molesta” el crecimiento
  • Los que no solo no se comprometen sino que lo niegan

Es un buen ejemplo porque te muestra que al principio nadie tiene datos ni indicadores.

Luego empiezan a notarse cosas objetivas por los alumnos más avanzados (pero tampoco está muy claro que hay que hacer o qué indicador es importante), el concepto es difuso (sieeeempre requiere tiempo definir un concepto porque cuando realmente lo tienes bien definido está la mitad de la solución encontrada) y sospechas que va a traer cosas negativas para ti.

Y por último un elemento muy interesante: no tienes la certeza de hasta cuándo lo puedes posponer. Porque sí, efectivamente, el ser humano sabe anticipar riesgos pero si no intuye un riesgo o no percibe su magnitud, no puede tomar acciones preventivas así que, sí, puede haber un punto de no-retorno tristemente.

Este ejemplo no tiene un final claro como sabes pero te da una idea de cómo pasito a pasito un emprendedor se puede ir metiendo en un atolladero por ignorar lo inmedible.

  • Si no quieres entrar en lo inmedible no vas a pasar horas explorando temas nuevos.
  • Si no pasas horas explorando temas nuevos, no vas a saber ni qué medir ni cómo.
  • Si ignoras algún tema tiempo suficiente por inmedible, ese inmedible puede acabar por tumbarte todo lo que tenías “super-controlado” y medido.

Y por esa razón mismo en varias ocasiones (al principio de cada tema como mínimo) es necesario que te lances a probar acciones y explorar temas antes incluso de saber cómo las medirás y cómo optimizarlas. Que un tema no seas capaz de medirlo no es señal de que no tenga un impacto (positivo o negativo) y tienes un gran potencial probando en tu empresa más cosas de las que puedes medir y entiendes hoy en día.

¡Buen viaje por lo inmedible y nos vemos en la próxima 😉 !


2 comentarios

  1. Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Totalmente de acuerdo con lo que expresas. Vivimos, cada vez más, en un mundo al que le gusta más las apariencias que las realidades, donde los números valen más que las personas.
    Seguro que suena esta situación: tienes un gráfico mensual que no te dice precísamente lo que quieres. Al contrario, te indica que la cosa no va bien. Entonces, surge la genial idea. Cambias el rango de tiempo y lo pones anual o semanal, o diario… así hasta que se torne en positivo.
    Creo que se está sobre-estimando el análisis y que falta más acción.
    Hace un tiempo publiqué un artículo en mi web hablando precisamente de 7 razones por las que creo que no funcionan: https://efectivida.es/blog/se-puede-medir-y-analizar-datos-con-efectividad-los-7-errores-de-la-medicion/ (ahí lo dejo por si viene bien).
    Un saludito desde Canarias!

    • Hola Jaír,

      Yo también estoy de acuerdo en que hace falta más acción que indicadores pero los indicadores en si son útiles. El problema está cuando nos abstraemos de todo y nos fijamos solo el indicador.

      No deberíamos olvidar que son “abstracciones” (pero que la realidad es más complicada).

      Un saludo y gracias por tus aportes 🙂


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