El único indicador que realmente te hace productivo

indicadores, productividad

Seguro que lo has oído mil veces:

    “Ai… ¡pobre ejecutivo! Se pasa el día trabajando, no puede ni ver a sus hijos”.

¿Pobrecito, no?

Pues no lo sé, la verdad.

Frases como esta las escucho cada día y a estas alturas ya no estoy nada de acuerdo con ellas. Pero lo cierto es que la sociedad no perdona ni una ocasión para colgarle prejuicios gratuitos a cada persona que se encuentra:

    “Pobre chaval, se pasa su tiempo jugando a videojuegos.”
    “Pobre señora, pierde 1h30 cada mañana para ir a trabajar.”
    “¡Qué pena de juventud! Desperdiciando la vida frente a la pantallita del móvil. ¡Ya ni se hablan!”

    Y ¿qué dice la juventud?

    “¡Pobres generaciones mayores! ¡Se pasan la vida enganchados a la tele!”

¡Madre mía, cuánto apocalipsis 😀 ! Menos mal que nos encanta ser unos exagerados 😀 .

Pero bueno, no te creas que vengo aquí a criticar a la sociedad como si tú y yo no fuésemos parte de ella porque ya te anticipo que todos hemos dicho o pensado cosas de estas alguna vez.

Y es por eso que hoy vengo a compartir contigo es una reflexioncilla sobre qué se esconde normalmente detrás de este tipo de afirmaciones, por qué puede estar afectando a tu productividad y lo que puedes hacer de muy muy concreto para sacarle partido al asunto.

Empecemos por el principio.

Tema número 1 – Deja de criticar a la gente (y sobre todo a ti)

La primera reacción es que en 5 segundos y con lo que sea que hayas visto desde fuera, no tienes derecho a juzgar a nadie por lo que hace con su tiempo.

Si quieres mi consejo de persona a persona: no juzgues a nadie nunca.

Pero si prefieres solo mi consejo de productivo, entonces no te permitas ir juzgando a nadie por lo que hace con su tiempo.

Te digo esto porque es una tontería hacerlo y no tienes razón. En 5 segundos no solo no eres capaz de entender a esa persona sino que además este comportamiento puede tener en ti un efecto negativo.

Y es que si retomamos los términos de Rosenberg (el padre de la comunicación no violenta), ahí el que habla es tu chacal.

En grandes líneas Rosenberg dice que todos tenemos un chacal (la voz mala) y una jirafa (la voz buena). Y que según la situación le damos rienda suelta a uno u otro (y con frecuencia usándolos muy mal).

El chacal no tiene por qué tener malas intenciones. De hecho, el chacal es principalmente y en esencia la voz del inconformismo y un potente motivador para que las cosas mejoren pero, mal usado, puede criticar por criticar.

Y, adivina qué.

Si eres de los que le suelen dar rienda suelta a tu chacal, puede que te interese saber que Rosenberg ya señalaba que es muy probable que la principal víctima de tu chacal seas tú mismo.

A fin de cuentas, tú eres la persona de la que más sueles opinar.

Así que aguántate un segundo ese impulso de juzgar lo que hace cada uno con su tiempo y estate muy alerta porque probablemente lo haces con cierta frecuencia contigo mismo.

Tema número 2 – Nos criticamos porque hay un problema de fondo

Te ahorro la investigación y la filosofada (que no es nada rapidita ni sencilla) pero hay una conclusión que tienes que poner encima de la mesa para entender por qué lo hacemos y reaccionar.

Y esa conclusión es que: no nos gusta usar el tiempo.

Como personas, como humanos, gastar el tiempo: no nos gusta. Punto.

Tanto es así que no nos gusta haberlo gastado:

  • ni cuando tenemos la sensación de haberlo usado bien – Por ejemplo a la vuelta de unas buenas vacaciones, o de un gran año. Incluso así da pena y es normal.
  • ni cuando tenemos la sensación de haberlo malgastado – Ahí la frustración es doble, de hecho.

Pero esto es totalmente normal que pase porque el tiempo es un recurso como otro cualquiera.

Piensa en el dinero. Hay gente tanto avariciosa como generosa pero, en principio a nadie le gusta tener menos dinero que ayer.

La diferencia con el tiempo es que no podemos controlarlo.

El tiempo simplemente pasa (quieras o no).

Tengas un plan para usarlo o no.

Y cuando se acaba… en fin, todos sabemos lo que pasa cuando se te acaba el tiempo.

Así que la presión por usarlo bien la tenemos siempre ahí.

Y a veces podemos llevarla mejor, pero es importante recordar que en cualquier momento puede empujarnos con relativa facilidad a auto-criticismos, decisiones malas y arrebatos improductivos que no sabes muy bien de dónde vienen pero que luego te encuentras a ti mismo teniendo que resolverlos.

Así que ojito. Cuánto más ignores que no te gusta que el tiempo pase, más camparán estos arrebatos a sus anchas.

¿Por ejemplo?

Después de una semana entera de resolver las tareas más horribles que posponías en tu empresa pero híper-necesarias para que ésta se mantenga a flote va tu chacal y reacciona “esta semana no he avanzado absolutamente nada”.

¿Te suena el cuento?

Pues mal signo.

La actitud más productiva hubiese sido en ese instante colgarte una medalla nada más haber acabado la semana.

Gritarte tras un esfuerzo épico, por el otro lado, solo hace que la próxima vez, además de la pereza por las tareas horribles, te acuerdes de que, si las haces, habrá probablemente un chacal esperándote a que acabes con alguna queja como “que no avanzas en lo principal”.

Así no hay quién trabaje.

Y como nadie quiere ver bajar su productividad como una plumita columpiándose lentamente hasta el suelo, vamos a ver qué puedes hacer en estas situaciones.

Tema número 3 – Cómo hacerlo bien y darle la vuelta a la tortilla

El consejo que te voy a dar, es la aplicación de un principio que ya he mencionado alguna vez en este blog hablando de diseño de indicadores y que puedes ver también aplicado en el Método OSEI.

La idea pasa por migrar tu atención de centrarte en indicadores negativos (indicadores que solo pueden estar OK o mal con todas las profundidades de mal) hacia indicadores positivos (indicadores que solo pueden estar OK o bien y cuánto más altos mejor).

Es un cambio sutil pero los efectos tanto en tu motivación como en tus resultados se notan muy rápido.

¿Cómo se hace?

Muy simple: cada vez que te entren ganas de criticar lo que has hecho con tu tiempo, olvídate de ello.

Ese indicador es caca (como se les dice a los niños pequeños).

No lo toques. Olvídalo.

Y siempre que te entren ganas de pensar en él, sustitúyelo por su contrapartida positiva.

Ahora bien, ¿cuál es el indicador opuesto y positivo del tiempo que he perdido en algo?

Existen varias formas posibles pero, la idea que buscas aquí es el “tiempo que has aprovechado”.

  • Si estamos hablando de tu empresa por ejemplo podríamos orientarlo hacia “horas haciendo cosas productivas” esta semana.
  • Si estamos hablando de tu vida personal, por ejemplo, podríamos orientarlo hacia “horas haciendo lo que me dio absolutamente la gana” esta semana.

Esos si que son indicadores interesantes porque te orientan hacia lo que quieres.

Te recuerdan que quieres mejorarlos y te muestran qué hacer en la siguiente hora.

Los indicadores en negativo y, además sobre el pasado (como el tiempo malgastado), son basura porque, no solo no puedes hacer nada con el pasado sino que cada vez que lo mires el consejo que te transmite es un consejo en negativo: “tengo que hacer tal cosa para no sentirme mal”.

Eso no motiva nada.

Es el principio exacto del látigo para los esclavos que construían las pirámides.

¿Alguna vez has oído de alguien que saque lo mejor de si mismo por miedo a un látigo?

No.

Porque los látigos conducen en una espiral hacia abajo, no hacia arriba.

De hecho es tan malo como motivador que es igual de malo que el palo y la zanahoria ¡pero sin zanahoria 😀 !

Concluyendo

En fin, que espero realmente que este cambio de perspectiva te ayude.

Recuerda: migra tu atención de indicadores en negativo a indicadores en positivo.

Y empieza a contar el tiempo que aprovechas, no el que se te escurre entre los dedos.

Cada vez te volverás mejor aprovechándolo.

Ojalá las calculadoras del mundo se dedicasen a multiplicar los días que has pasado en tu trabajo por las horas que te diviertes al día como un enano trabajando. Sería mucho mejor que el de multiplicar los capítulos de una serie que has visto por las horas que tenía cada uno.

¿Para qué? Para… para… ¿para echar una lagrimita? ¡Pero si aún por encima puede haber sido una pedazo de serie increíble!

Y lo mismo con tu empresa.

A veces el momento en el que marcas la diferencia es haciendo una tarea horrible y engorrosa. Pero que te quita una barrera de delante. Y 30 horas en la silla o 400 emails enviados a clientes no hubiesen valido ni la décima parte de la pena.

Así que dejemos de contar “horas perdidas” y empecemos a aumentar las “horas disfrutadas”, “horas aprovechadas”, “horas para enmarcar”.

Si tu porcentaje es menos del 100%, tranquilo que un unos días estamos de vuelta con el siguiente artículo y más ideas sobre cómo aumentarlo.

¡Que tengas buena semana!

PD: Y hazme el favor de enviarle este artículo por Facebook, Twitter o fax o lo que sea a quien quiera que ande contando las horas que “desperdicia”. Acabemos con esa manía que no conduce a nada.

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8 comentarios

  1. No soy de las que comentan normalmente pero he de admitir que me ha encantado tu artículo Iago. Chapó. Lo comparto encantada.

  2. Comparto el posicionamiento que describes en el artículo. No podemos cambiar el pasado, pero si el presente y el futuro. Invertir energía y tiempo en el presente y preparándonos para el futuro es la opción más productiva. Un saludo.

  3. Me gusta cuando TdO se pone filosofopsicologizante! Y coincido muchísimo en lo de que existen dos actitudes ante la información que recibimos de otros o de nosotros mismos: la de chacal o la de jirafa. Siendo francos, como bien comentas, la actitud social imperante hoy en día (bien en términos de uso de tiempo, bien en términos generales)es la de chacal, pero supongo que será porque en relación al tiempo se marca muy claramente cuáles deben de ser las prioridades de la gente o, por decirlo de manera ridícula, porque hay actividades que consiguen más minipuntos en la gran ventana social que es nuestra vida: perder el tiempo en videojuegos está mál visto, aunque te haga feliz, mirar el móvil lo mismo. Podemos decir, incluso, que la sociedad de hoy en día considera que es una pérdida de tiempo todo aquello que no vaya destinado a la consecución de un objetivo que la sociedad clase como “aceptable”. Gastar tiempo en leer un libro puede que sea un muermo para muchos, pero nunca dirán que es una pérdida de tiempo, porque ya puedes decir que leíste un libro (más que por el aprendizaje que conlleva el leerlo) leer dá, cómo decirlo, caché.
    Y más que te doy la razón en eso de que nosotros somos unos auténticos chacales cuando de nuestro tiempo se refiere! Ya no solo porque a mí me pase constantemente, sino porque no paro de escuchar historias similares de desperdicios, de minusvaloración de gestión de tiempo entre mis allegados (si todxs hiciésemos tan poco como decimos o sentimos, aún estaríamos en la Edad de Piedra).
    En cuanto a mí, tengo que confesar que es una auténtica obsesión el baremar la productividad de mis días por el tiempo aprovechado en hacer avanzar mis proyectos, y cada vez estoy más convencida de que cuanto más intento ejercer el control sobre estos, menos productiva soy, porque ya no creo que la productividad sea avanzar en los objetivos personales, sino en no necesitar avanzar para llegar a ser verdaderamente productiva, esto es, feliz. Pero en fin, este ya es otro tema y no quiero ser un troll.
    Ahora bien, reconozco que me resultará harto difícil cambiar el chip y colocarme medallas en vez de autoflagelarme cuando sienta eso de “no he hecho nada o no avanzo”, porque lo malo, y quizás sea este el problema, son las expectativas. No es que pensemos en la manera ideal de gastar el tiempo, porque eso ya lo estamos haciendo invirtiéndolo en nuestros proyectos (al menos los que tenemos unos objetivos claros y trabajamos para ellos), es que también queremos controlar cuando llega cada epic win o cada avance y eso ya no es de utópicos, es de vivir en el país de la Piruleta. A mí me pasa: como controlo (odiosa palabra que debería dejar de usar, porque además de odiosa es incierta), pues eso, que como tengo mi mapita con mis etapas y mi recorrido, en el que aparece, por cierto, un dibujo sobeeeerbio con mi premio en la última casilla, pues me pienso que controlo también lo que me lleva ejecutar cada etapa, que controlo lo que voy a sentir cada día, mi nivel de energía, mi motivación… Y como todo eso es incontrolable (aunque sí gestionable con mucho autoconocimiento), zas, ahí aparece el chacal, el que critica porque… “meniña, hoxe pouco me furrulaches ou mal”.
    Punto positivo: el hecho de evidenciar esta conducta chacal, de ponerle nombre, va a provocar en mí un resorte de domadora de chacales. Y no creas que no intento en los últimos tiempos mitigar esa sensación de improductividad por no aprovechamiento máximo (ideal) de tiempo, pero ahora, que le tengo puesta la cara de chacal, creo que me va a ser más fácil.

    Dos últimas cosas: 1. lo de la comunicación no violenta, por lo que vi, es la aplicación en psicología de la teoría de cortesía propuesta por Sperber y Wilson que aparece en el libro de pragmática que te pasé. Basicamente, se limita al buen uso de la asertividad. 2. Por qué una jirafa? Lo del chacal lo entiendo, pero lo de la jirafa… Un oso amoroso, un perrito, un perezoso, oso panda, ovejita, pero… jirafa… Porque se puede alejar de la situación en sí, verla desde cierta altura?

    PD: De este artículo a la práctica de yoga hay un paso, pero yo no digo “na”… (es muy “yogui” 😉 ).

    • Me encantan tus digresiones explorando todas las implicaciones de cada cambio en efecto mariposa 🙂 Sobre todo porque cuanto más te imaginas cada repercusión y más piensas en los temas colaterales, estás de hecho resolviendo las barreras que otro se podría poner subconscientemente y gracias a ello más profundo es el cambio que das porque le has allanado el camino. Así que estoy muy muy en sintonía con tus reflexiones.

      Excepto con lo de la jirafa. La jirafa me cae bien, lo siento 😀

      ¡Un saludo Iris!

      • Si a mi también me caen bien las jirafitas (las únicas que vi en mi vida fueron en Lyon y me dieron mucha pero que mucha penita, ains), pero no sé por qué el autor de la teoría las escogió como ejemplo y tiene que haber un motivo, seguro 🙂
        Un saludo, Iago!

        • Sí, sí que lo tiene. Son los dos “polos opuestos” de la sabana africana y profundamente personificados en lo que se quiere explicar con cada tipo de voz.

          Por eso tampoco es una sopresa que el chacal sea un animal carroñero por ejemplo y no el “león” o cualquier otro porque hay intención de atribuirle una cierta imagen a cuando usamos nuestro “chacal”.


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