8 manías comunes que alguien productivo aprovecha al máximo

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Lo primero de todo, la acción que quiero que lleves a cabo con esta lista para ser más productivo es muy simple: contén las ganas de considerar estas situaciones como errores de productividad.

Lo que puede parecer una manía, un impulso o un error no tiene por qué serlo. Y si te corriges o cambias de reacción pensando que lo que sucede es malo, estarás perjudicando tu productividad.

Por ello, cuando tu memoria vuelva a dejarte tirado en una situación o no puedas sacarte de la cabeza un tema, piensa que puede tratarse de una excepción a un fenómeno muy útil y, sobre todo, que podrías sacarle provecho al asunto.

Las 8 manías improductivas o productivas según tu reacción

Empezar de cero cada dos por tres

El cerebro humano tiene una gran capacidad de cálculo pero no infinita. Piénsalo. A veces intentas resolver un gran problema, fracasas y haces borrón y cuenta nueva. Gracias a este mecanismo logramos empezar sin lastre del pasado en Septiembre, reescribir nuestros objetivos en fin de año y tantos otros “nuevos inicios”. Borrar en productividad, es perder experiencia pero, es preferible perder esa experiencia a dejarse ahogar por objetivos, planes y tareas que se han quedado obsoletos y privan de atención a lo importante. Visto así, ¡esta técnica tiene sus usos!

Olvidar cosas

Me habéis oído muchas veces que olvidar tiene su utilidad. El caso típico de un novato que empieza en productividad, hace su primera lista de tareas y ésta se satura es flagrante. Olvidar nos mantiene con una lista razonable de cosas en mente cada día. Cuando nos equipamos para olvidar menos mejoramos pero hay que combatir la saturación. Aprender a dejar correr según qué cosas, es parte de ser altamente productivo.

Hacer primero las tareas cortas

Sé que esta puede levantar ampollas pero sí: querer tachar primero los elementos rápidos tiene lógica, no es solo una manía. Es más, el caso extremo de tachar todos los elementos pequeños para acabar abordando el principal es una situación ideal en productividad: la monotarea. La mayoría de la gente no es consciente de esto, pero si rehuimos de las listas largas es por experiencia (y no solo intuición como se explica aquí).

Quedarte atascado en algo inacabado

El efecto Zeigarnik de las camareras ataca de nuevo. Esto lo hemos experimentado todos al pensar “tengo la sensación de que me dejo algo” y rara es la vez que no tenemos razón. La parte negativa de este efecto es que muchas veces no somos capaces de concentrarnos justo por esta inquietud constante pero, que la mente disponga de su propio sistema de “post-its” (¡y que funcione!) no es una mera curiosidad ni merece pasar desapercibido.

Obsesionarte con algo

Este entra en juego por ejemplo cuando alguien tiene que tomar un avión importante de madrugada, o cuando una persona tiene un evento especialmente significativo (presentación de tesis, boda, etc.). Hay indicios evidentes de que nuestra mente tiene un mecanismo capaz de mantenernos alerta. Puede hacer que nos levantemos 4 veces en una noche por si es ya la hora o hacernos olvidar todo salvo lo que nos obceca. Este recurso natural, aunque un poco autodestructivo si dura mucho, nos da una capacidad temporal inigualable de concentración. Cuenta con que puede que aparezca cuando más lo necesites y que te haga pasar más de una mala noche.

Dejarte influenciar por lo que opine la mayoría

No podemos estar constantemente pensando en todo. Que la opinión de los demás nos engañe de vez en cuando no quita que no nos simplifique la vida en miles de situaciones (la próxima serie que ver, la aspiradora que comprar, el colegio al que mandar a tu hijo, etc.). Cuanto más compleja de tomar sea una decisión y menos veces preveamos tener que tomarla, más nos dejaremos influenciar por la opinión de los demás porque “no compensa” analizar todas las opciones. Y es lo sensato. Es algo peligroso y delicado, pero extremadamente útil.

Usar una rutina

La palabra rutina despierta casi odio. Es más, hay hasta un movimiento de gente que intenta hacer cada día memorable (vídeo en inglés) porque para ellos un día olvidado es un día perdido. Pero tu rutina es la configuración más optimizada que has logrado. Aunque duela, la rutina logra que a las 9h00 empieces tu actividad y a las 9h05 estés haciendo tareas útiles. Los productivos no combaten la existencia de rutinas, sino que las llenan de cosas interesantes.

Preocuparte en cada momento de lo que ves

¡Si hay una que odio especialmente, es ésta! Un papel en el suelo tiene muchísimas más probabilidades de hacernos reaccionar que una bomba a punto de estallar a 10km que podríamos desactivar con una llamada. Somos seres humanos. Reaccionamos a estímulos y nuestras vías de percepción de estímulos están limitadas en alcance (oído, vista, olfato; y tacto y gusto ya ni digamos). Por ello, hay una diferencia crucial entre que lo primero que veas al llegar a casa sea una televisión o un escritorio. Somos muy buenos reaccionando, no tan buenos anticipando. ¡No lo olvides!

¿Qué otras has notado a tu alrededor?

La idea principal tras estos “manías” es que las vamos a repetir una y otra vez lo queramos o no. Funcionamos así. Una vez dicho esto lo que nosotros podemos hacer es decidir cómo reaccionamos ante ello.

Y si bien dan unas ganas tremendas de rebelarse y de decir que nosotros somos la excepción, habría realmente que ver si compensa. Porque en el tiempo que gastamos combatiéndolos, otra persona puede optar por entender cómo funcionan, minimizar daños y hacerlos jugar a su favor.

Así que qué opinas ¿hay que combatirlos o que aprovecharlos?


9 comentarios

  1. Hay que aprovechar todo aquello que tú percibas como aprovechable, porque si no lo percibes como tal nunca te vas a fijar en ello para sacarle provecho.
    Estoy de acuerdo con tu visión optimista de “defectos” (como lo llamarían otros) propios. Es lógico: si pensamos de una determinada manera y vamos consiguiendo lo que nos proponemos significa que esa manera de pensar, de “mover” el cerebro es productiva para ti.
    Me quedo con lo de obsesionarse. Nunca fui más productiva que cuando me obsesioné con determinados trabajos de investigación; nunca me sentí tan enganchada, tan motivada y conectada conmigo misma. El problema es que obsesionarse “solo un poco” o “poco tiempo” es bastante difícil y esa situación, como apuntas, sostenida en el tiempo te hace enfermar, personal y socialmente.

    Una ventaja para mí que para el resto es una desventaja y que saca de quicio a algunas persoans: desconectar, pero de manera impresionantísima, de toda aquella información que no me sirva para aquellas tareas diarias orientadas a un objetivo motivante. Seguramente sea lo que tú llamas “olvidar”, lo que ocurre en mi caso es que nunca lo retuve. Desconecto de manera automática y es muy útil porque avanzas en lo tuyo en línea recta sin tener que apartar obstáculos mentales; no es que me diga “oh, esto para después, también tengo que…”; no, lo desecho porque literalmente es basura para mí y admito que puedo llegar a considerar basura mental hábitos o tareas socialmente muy aceptadas. Para mí es una ventaja, si bien me gane el sobrenombre de “desastriño”, despistada etc. Y no, no soy despistada, es que simplemente la tarea de mie… que escuché ni fue procesada por inútil; es duro, pero es así (aunque esto no lo digo en voz alta, que conservar ammistades y familia también es muy ventajoso).

    Otra “manía” (aunque yo no lo llamaría “manía”)diaria que tacharía de vicio: pensar “que haría fulanito/a en este caso?”. Siempre se dice que hay que decidir por uno mismo y bla bla bla. Mentira! Uno mismo es = a yo + el conjunto de personas y contextos que frecuento; por lo tanto, si yo percibo a “Miguelito” como bueno en hacer “x” cosa, lo lógico es que cuando yo tenga que hacer una tarea similar a esa cosa intente adoptar la visión de Miguelito y me convierta en una Miguelita moemntánea. Esto lo hago constantemente y no creo que sea tricionar mi criterio, sino fundamentar mi criterio en varias visiones, enriquecerlo de multiperspectivismo. Lo llaman neuronas espejo y capacidad empática.
    Eso sí, no acabo de ver lo de empezar de cero cada dos por tres; puedo entenderlo, pero es que no creo en ese empezar de cero. Tú hablas de que el cerebo humano tiene gran capacidad de cálculo pero no infinita y hay que resetear; desde la perspectiva lingüística 😛 no hablamos de capacidad de cálculo y sí de relación y la de relación sí que es infinita. Un nuevo inicio está relacionado con otro, al menos para mí.
    Gran post!

    • Bueno, voy a puntos neurálgicos que me has lanzado tantas reflexiones que hay como para una serie 🙂

      La parte del reseteo cada 2 por 3 y por qué es útil se entiende mucho mejor por negación. Imagínate que los seres humanos solo fuesemos construyendo nuestra organización progresivamente y que nunca nada más que lo que estamos absolutamente seguros de que no vamos a necesitar. ¿Qué pasaría? ¡Ese sistema acumula una cantidad de soluciones que se convierten rapidamente en lastre!

      La dura realidad es que no queremos deshacernos nunca de nuestra vieja organización pero, el día que empezamos de 0 abandonamos todo lo que nos causaba tantos problemas y en parte avanzamos porque nuestra organización nace desde el día 0 para nuestro contexto actual. Por eso el empezar de 0, pese a hacernos perder la madurez de la experiencia, tiene una ventaja inmensa. Simplemente: nos desbloquea la situación.

      Lo de desconectar sobremanera, personalmente opino que, mientras puedas mantenerlo sin perjuicios mayores. ¡Sigue adelante! La organización justamente se lastra con cosas que percibimos como obligatorias y queremos tener en cuenta pero, tanto si tienes menos exigencias como si puedes saltarte algunas es que es imposible que no seas más productiva. Es como comparar dos negocios: uno que paga impuestos y otro que no. ¿Quién va a sobrevivir mejor o ser más rentable? No hay duda. Uno tiene simplemente “menos exigencias”. Es mucho más fácil así.

      Lo del “qué haría Miguelito en esta situación” está genial. De hecho no creo que nadie se oponga a priori (cómo era el caso de los elementos de la lista que son cosas que la gente tiende a “intentar corregir” porque las considera malas). Admito que yo también lo he usado alguna vez aunque tiene la tara de que con demasiada frecuencia acabas llegando a alguna capacidad crítica o recurso que esa persona tiene y tú no. Y ahí, entiendo cómo lo hace, pero no es una solución viable para mí. Pero bueno, la idea es buena y siempre que funcione: ¡adelante! ¡Es una fuente más de ideas!

      Un saludo Iris y, como siempre, chapeau.

  2. Me ha parecido muy curioso el enfoque del post Iago, leyendo los títulos parece el típico post sobre cosas que no debes hacer, pero luego te das cuenta que hay cosas que “teóricamente” no debemos hacer y que realmente nos sirven para ser más productivo. Mola 😀

    • Gracias Jordi 😀 Me ha salido la vena de programador en esta. Me pasaba por la cabeza algo así como ¿Cómo? ¿Qué crees que esta característica es mala? ¿Pero tú sabes lo que pasaría si no lo hiciesemos?.

      Así que si que empezaron a aparecer un montón de “recursos” que tenemos tachados porque parece que nos falla la mente cuando en realidad nos ha salvado el pellejo en cientos de ocasiones.

      Cada vez me fascina más lo productivo que es el cerebro humano por defecto. ¡Es flipante la de recursos innatos que tenemos sin saberlo!

  3. Yo en mi caso,en vez de dejarme influenciar por lo que diga la mayoria,busco a quien me pueda aconsejar con argumentos y no con una mera opinión personal ,creo que es un fallo que tiene muchas personas, que no se deja aconsejar e incluso no pide opinión portaz de hacer lo que (a mi me de la gana)y eso creo que es poco fructífero , o es mejor llevarse tres dias perdido sin preguntar para poder decir que lo has conseguido tu solo?? a la misma vez uno se siente muy util cuando te preguntan.

    • Hola Eloy,

      La verdad es que he leído a un montón de autores sobre “prueba social” y dejarse influenciar por los demás porque he descubierto casi por azar que la psicología comportamental es algo que me fascina.

      Y he de decir al respecto que la cantidad de usos inconscientes que hacemos de copiar al resto del mundo son increíbles.

      Me acuerdo especialmente de leer en Influence (un libro de R. Cialdini) que contaba el caso de su hijo pequeño que tras semanas de miedo al agua se tiró a aprender a nadar porque vió a un compañero de clase en la piscina. La lógica del niño es: si mi compañero de clase puede que no es un adulto y es como yo, yo puedo. Esto es seguro. Puedo aprender a nadar. A mi me daba miedo porque hasta ahora solo he visto flotar a adultos.

      Hay muchos factores que inciden en si vamos o no a aplicar lo que escuchamos. El caso del niño, deja claro que necesitamos ver una prueba de que algo funciona “extrapolabe a nosotros”, necesitamos sentirnos identificados. Supongo que en tu caso: debe venir de alguien en quien confías. Porque si no, no la adoptamos.

      Pero está clarísimo que es un tema fascinante y que no hay duda de que lo usamos tanto consciente como inconscientemente todos los días. Tema muy muy interesante 😀

      ¡Un saludo!

  4. Iago, un gran artículo. Me ha parecido muy acertado desmitificar algunas “reglas sagradas” para darles un nuevo enfoque productivo.

    Personalmente, empezar de cero me sirve cada cierto tiempo para refrescar mi mente, recargar totalmente mis baterías y evolucionar.

    Empezar con tareas pequeñas en ocasiones me sirve para ponerme en marcha en un día bajo de energía. Ese “dar el primer paso con tareas menores” me ayuda a afrontar retos mayores.

    Felicidades por el blog Iago!

    • Muchas gracias, Patxi.

      Esto tampoco quiere decir que no podamos “contrarrestarlas”. Yo por ejemplo veo una diferencia tremenda entre “borrón y cuenta nueva” (que es lo que hace la mayoría) con el “empezar de cero”.

      Sin ir más lejos, tengo periodos en los que trabajo mucho desde un solo lugar y periodos en los que trabajo desde dos. Tengo prácticamente dos modos de funcionar pero si hubiese tirado el primero a la papelera en cuanto me apareció la segunda situación no hubiese podido retomarlo más tarde.

      La clave está en que admitir que todas tienen una componente negativa y otra positiva. Por eso aprendemos a contrarrestar o mitigar la parte negativa, efectivamente es mejor que combatirlas porque nos habremos quedado con lo positivo (que a veces es mucho).

      ¡Un saludo Patxi! ¡Gracias por pasarte y comentar!

  5. 8 manías comunes que alguien productivo aprovecha al máximo


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