Lo que yo le diría al que critique tus decisiones (incluido a ti mismo)

sesgo de retrospectiva

A ver si das resuelto este enigma que tiene trampa:

Estás en una sala encerrado y delante de ti tienes dos puertas.

No sabes lo que se encuentra detrás de esas puertas pero una te depara una muerte rápida y cruenta y tras la otra recuperarás tu libertad. Debes escoger una y abrirla.

En la puerta de la izquierda dice “tigres muertos de hambre” y en la otra dice “la libertad es por aquí”.

Dime, ¿cuál de ambas puertas escoges? ¿Ya has escogido? ¡Bien! Continuemos.

Las decisiones se toman siempre con la información que tienes

Antes que nada, disculpa que te haya pedido responder a un enigma que no tiene “solución”. A mí también me fastidia mucho cuando es así, ¡pero es por una buena causa!

El enigma no tiene solución definitiva porque, siendo sincero, nada me impide acabar la historia como prefiera. En realidad, si en algo está muy bien escogido el enigma anterior es en que me he deja suficientes elementos para decirte que te has equivocado elijas lo que elijas.

Si respondes que vas por los tigres podría decirte: “No, ¡has picado! Era la que decía “la libertad es por aquí”. ¡Te he hecho creer que había trampa pero no la hay!”

Si respondes que vas por la de la libertad podría decirte: “No, hombre, no. ¡Te dije que había trampa! ¡Los tigres están muertos (de hambre)!”

Algunas situaciones no tienen solución

Lo que quiero que aprendas hoy sobre productividad, es que necesitas creer en ti y en tus razonamientos para aprender y progresar.

Por norma general deberías defenderlos y antes de abandonarlos no deberías aceptar a cambio nada menos que una opción mejor.

Situaciones parecidas al dilema de las puertas se dan constantemente. Si salieses de cada situación así con la impresión de que eres tú quién lo ha hecho mal, te estarías adoctrinando en la mala dirección. Estarías cambiando algo que no hicisite mal.

La culpa de un mal resultado no es siempre tuya, algunas situaciones no tienen solución.

Pero te toca a ti demostrarlo

Cuando las consencuencias impliquen a más gente, tendrás que ser consciente además de que te corresponde a ti demostrar la coherencia de tus decisiones.

Tu jefe, por ejemplo, a menos que sea realmente un gran jefe y haga esfuerzos antinaturales es fácil que caiga en la tentación de decirte impulsivamente cuando te equivoques que la culpa es tuya y que además “era evidente” (o que lo opine).

Aquí de nuevo, tu productividad y tu progresión van a depender de lo que hagas a continuación.

Las dos opciones principales son ceder o argumentar. Nadie va a juzgarte con el mismo nivel de información que tú has tenido, pero raramente le dedicamos un esfuerzo extra a comprender los pormenores de cada situación. Así que te toca a ti tanto concienciarte como defenderlo si quieres que se haga un juicio justo sobre tus decisiones.

Para ello déjame que además que te arme con dos principios psicológicos que merece la pena añadir a tu vocabulario:

Principio 1 – Sesgo de retrospectiva

El sesgo de retrospectiva o (Prejuicio de retrospectiva) es el fenómeno por el cual tendemos a distorsionar nuestra memoria recordando una cierta situación acentuando claramente los elementos o indicadores relativos al resultado que se ha dado finalmente. Así, si en el momento de la decisión era totalmente impredecible lo que iba pasar, a posteriori diremos que estaba mucho más claro que esa situación iba a darse como resultó al final.

Aunque no se formalizó hasta los años 70′, esta teoría de psicología social demuestra que nuestra memoria distorsiona los recuerdos haciéndonos creer que las decisiones estaban mucho más claras de lo que las vivimos.

Principio 2 – Falacia del historiador

Se llama falacia del historiador a la simplificación injustificada que se comete cuando se juzga la decisión de otra persona asumiendo que tuvo acceso a información que le llegó después de tomar la decisión.

Que nadie se pase de listo

Así que la próxima vez que te entren ganas de flagelarte por una decisión equivocada, párate un segundo a pensarlo.

La próxima vez que alguien te diga que eres un inútil o que no has sabido ver lo evidente, diferencia bien si hubo o no error por tu parte tal y como transcurrió la situación.

Y la próxima vez que alguien parezca haber hecho una estupidez demasiado incoherente, imagina su nivel de información antes de juzgarlo.

El aprendizaje que te hace avanzar es tan solo posible cuando reforzamos los buenos comportamientos y desestimamos los malos. Si no juzgamos bien lo que sucede, estaremos aprendiendo en la mala dirección. Y si dejamos que los demás tomen nuestras decisiones válidas por malas sin argumentarlas, estaremos dejando que gente que no ha entendido completamente la situación tenga un impacto contraproductivo en nuestras próximas decisiones.

Vamos, o eso, o la próxima vez que tu jefe te gruña le recomiendas Técnicas de Organización.com y se lo dejo yo caer. Eso sí, visto lo visto, al acabar el artículo no te garantizo que no vaya a decirme “eso ya lo sabía, Iago… es evidente“.



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