“Esta no es mi batalla”

Mensajero de guerra

Realmente da igual el ambiente en el que te muevas, pero si te ves mínimamente picado por el gusanillo de la productividad personal y por sacar adelante tus proyectos/objetivos entonces habrás desarrollado (o vaticino que vas a desarrollar) un traicionero afecto por las tareas de fácil solución, rápidas y sin complicaciones.

Traicionero digo, porque la sensación de las tareas acabadas y el tachar líneas en tus listas que indica que pasas a la siguiente se vuelven una verdadera adicción.

Gracias a internet he descubierto que no soy el único que en algún momento de su vida ha dejado las tareas hechas en su lista sólo para sentirse mejor al final del día.

El peligro al que te enfrentas

Por eso a diario te enfrentas al peligro de asumir más de la cuenta, ¿te acuerdas de cuando mencionaba los límites y las sobrecargas de trabajo?

Además, ese peligro viene, no por un deseo de trabajar más, sino porque puedes caer en la tentación de aumentar tu productividad asumiendo más tareas de fácil solución. Y todo esto, sin importar de dónde vengan.

Pero es un error, un craso error. Entre otros porque:

  • Acabas asumiendo más de lo que puedes
  • Estás menospreciando tu tiempo libre
  • Te estás cargando de cosas completamente intrascendentes

Y, la más importante de todas: probablemente hagas todo lo anterior para huír de una tarea importante, y en la que estás ahora mismo bloqueado porque no sabes cómo continuar.

Así que es una reacción simple: haces una pausa para ir a beber, te encuentras un recordatorio por el camino y en ese mismo instante comprar el pescado se vuelve absolutamente prioritario, muy por encima de la declaración de la renta cuyo plazo de entrega termina mañana, “¡vamos hombre, un viernes sin merluza no es un viernes!”

Agravantes y excusas

Hay que reírse un poco porque de vez en cuando hacemos verdaderas obras de auto-engaño para convencernos de que hay tareas más importantes que hacer que aquella en la que estamos fracasando.

Y a eso sólo tengo una respuesta: Rebélate contra ti mismo y quítate de encima ese obstáculo.

Pero hablemos de agravantes

Esto no pasaría de un mero atraso si no hubiese agravantes que son muchos y variados. En principio el interés de huir de una tarea difícil es una reacción comprensible del ser humano.

Ahora, los problemas llegan por lo que esta situación genera. Cada vez que te encuentras algo que hace tiempo te resultaba imposible pero que ahora dominas te verás tentado.

Cada vez que veas a otra persona atascada te encantará asumir que ayudarle en eso que ahora dominas es tu prioridad número uno. Es como si decidieses hacer los deberes de matemáticas de tu hijo. ¿Ves lo que implica?

La necesidad de demostrar capacidad

A veces incluso, te verás picado por las ganas de demostrar que puedes hacerlo, como para resarcirte de lo que dejaste sin hacer.

Sin embargo el peor de los casos es que encuentres una serie de tareas fácil y que tu objetivo sea personal. ¿Por qué? Pues porque frente a un objetivo difícil pero personal resulta demasiado sencillo rendirse, basta con replantearte si lo quieres.

A este segundo caso no te queda más medicina que tener tus objetivos claros y motivarte con los fines. Sabes lo que buscas y lo persigues. Y aunque en ciertos momentos haya que planear una retirada estratégica, esta no puede estar nunca motivada porque has encontrado cosas más fáciles que hacer.

Todo acaba como empieza

Bueno, entonces, ¿le damos solución de algún modo? La solución pasa por ser extremadamente cuidadoso cuando escojas las tareas que te corresponden. Algunas son tuyas y otras no te corresponden, y si la alarma de que estás fracasando en algo importante se dispara, dobla tus precauciones para no desconcentrarte.

Necesitas identificar bien tus objetivos y aprender a saber cuándo sí y cuándo no te toca el turno. Para ello hay que tener siempre a mano el concepto y hay que usarlo con sabiduría: “Esta no es mi batalla”.

Se puede fallar en ella tanto por carencia como por exceso y aquí no hay método milagroso de la teletienda que te salve. Tienes que aprender a convivir con las situaciones que no das resuelto y saber aplicarla cuando sea necesario.

No dejes de ofrecer tu ayuda cuando algo que hayas aprendido pueda serle útil a un tercero, pero nunca lo uses como excusa para engañarte a ti mismo.

Esta es mi frase personal pero me encantará saber cómo resolvéis vosotros el problema en los comentarios. ¿Alguna metodología en especial que os funcione? Todo vale con tal de afrontar el desafío.

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2 comentarios

  1. Como primera medida, yo no ofrezco ayuda a quién no me la pide. En mi oponión, mucha de la gente que ofrece ayuda a otros debería empezar por ayudarse a sí misma…
    Como segunda medida, mi respuesta estándar ante cualquier petición es “no”. Eso me da tiempo a evaluar con calma, sin la presión de tener que comprometerme en ese momento a algo que no sé realmente que implica, cuál será mi decisión. Si tiene sentido, no tengo problema en volver a la persona y decir “sí”.
    Con los 6 niveles de perspectiva de GTD la verdad es que es bastante sencillo tener claro qué tiene sentido hacer o no hacer 🙂

  2. Hola Iago,

    Me siento totalmente identificado con lo que expones en el artículo, cuando tengo cosas importantes que hacer me entran ganas de ordenar el armario y los cajones 🙂
    Poco a poco me voy habituando a priorizar. Lo que suelo hacer es completar una tarea importante y luego, como premio, hago algo intrascendente durante unos minutos antes de pasar a la próxima tarea importante.

    Un saludo


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