¿Sabes realmente para qué sirve la organización?

Que no te engañen, la organización sirve única y exclusivamente para esto:

El inicio

Una mañana de lunes empezando de cero querías divertirte, después de todo para ti era todo tiempo libre porque no tenías ninguna obligación. Pero, sin embargo algo fallaba. Tenías hambre y necesitabas para divertirte algunas cosas mínimas para lo cual necesitabas recursos.

Entonces ideaste un plan. A cambio de esos recursos que te diesen una cierta libertad, le cederías a alguien cinco mañanas de cada semana en las que trabajarías ayudándole. Tu esquema entonces era:

Necesidad   >>   Obtener Recursos   >>   Saciar necesidad

Sin embargo en algún momento perdiste el post-it donde habías escrito tu plan. Tenías una rutina establecida y más o menos funcionaba. Así que seguiste. Cogiste un trabajo aparentemente mejor. Bueno, a cambio del aumento que te proponía, tenía la pega de exigirte un par de horas más de dedicación, pero era razonable.

Ahí la cosa empezó a torcerse un poco. No sabes cómo pero entraste en un estado de constante urgencia. Tenías la cabeza completamente centrada en tu actividad secundaria (esas horas que cedías trabajando) y aunque te prometías que ibas a hacer cambios te repetías a ti mismo que lo harías cuando “tuvieses un hueco”.

A parte de eso, las tardes ya no eran lo de antes. Primero, porque aunque tenías los recursos, no había ánimo para divertirse con ese cansancio. Y segundo, porque tan enfrascado en tu actividad secundaria que te producía un agotamiento mental tremendo, ¡no te ibas a exprimir más pensando en cómo divertirte!

En algún momento el esquema había cambiado y ahora era más bien:

Necesidad   >>   Obtener Recursos   >>  

Paliar consecuencias de obtener recursos antes de nueva necesidad

El sistema había no sólo volcado tus prioridades sino que además te había dejado sin tiempo para pensar una alternativa. Esa constante urgencia además había llenado tu día a día de soluciones temporales sobre las que en algún momento deberías volver.

Si te quisieses parar a pensar no paliarías las consecuencias de tu actividad como cansancio, estrés o agotamiento mental. Pronto llegaría la nueva necesidad y estarías de nuevo obligado a trabajar. No estando en condiciones, todo se hundiría.

Regla número 1: El día empieza cuando llegas a casa

La primera regla es no olvidar tus prioridades. Una gran parte de la culpa de que las olvides es que puede que no tengas claros tus objetivos. Definirlos es lo primero.

Si tu prioridad es divertirte y disfrutar como pensabas ese lunes por la mañana entonces una condición tiene que ser llegar en condiciones normales al momento en el que te vas a divertir.

Hasta cierto punto es normal llegar cansado, pero no puedes aceptar un balance que te impide exactamente aquello por lo trabajas.

Regla número 2: Apuesta por algo, experimenta, descubre.

Cuando estás cansado la tele es una opción maravillosa. Tú te sientas y ella te da contenidos aleatorios pero lo cierto es que acudes a ella porque es lo mejor que encuentras delante de tu sofá.

Y si la eliges incluso cuando no estás cansado, es síntoma inequívoco de que no conoces nada mejor.

Por eso hay que salir a fuera y sentirse novato. Meter las narices en sitios nuevos y ver qué te ofrece el mundo. Seguro que en tu propia calle hay 17 tiendas en las que no has entrado nunca.

Probar y experimentar te da la capacidad de decidir. Cuantas más opciones tienes, más puedes tener en cuenta a la hora de decidir. Si sólo conoces una respuesta a la pregunta “¿qué puedo hacer?” Escogerás siempre la misma.

Por eso tienes que ser tan emprendedor en tu tiempo libre como en tu trabajo. Busca nuevas cosas, déjate sorprender, prueba aquí y allí y pregúntale a los que te rodean qué aficiones tienen. Muchos estarán en tu misma situación pero seguro que encontrarás cosas nuevas.

Regla número 3: Especial para emprendedores y autónomos

Hay una creciente tendencia entre empresarios y autónomos (pero también aplicable al resto de los mortales) de que cuanto más trabajes mejor.

En efecto, cuanto más trabajes la empresa normalmente suele dar más beneficios. Pero la cosa nunca es lineal, eso seguro. Es decir, que si trabajas una hora y ganas 50€, no creas que trabajando 3 ganarás 150€.

Basta con ser estricto contando el tiempo de trabajo que te dedicas (si también cuentan esos e-mails del domingo por la mañana y lo que te ves obligado a hacer para mantener la imagen de la empresa). Una vez que has contado las horas reales que trabajas las divides entre tu salario y ves cuanto ganas a la hora.

Procura encontrar siempre el mejor balance posible esfuerzo/beneficio independientemente del número que haya en el beneficio.

Conclusión

Si quieres un buen consejo de organización: aprovecha tu tiempo libre.

Es por eso por lo que te sacrificarás, por lo que irás al trabajo, por lo que reduces el tiempo de tus tareas diarias y por lo que harás cosas que en principio no quieres. El malgastarlo sería un ataque a ti mismo.

Yo ya me comprometí a ayudarte desde el principio a que mejores tu organización y definas tus objetivos pero es imprescindible ser consciente de que lo hacemos para llegar a un momento en el que podamos disfrutar de nuestro tiempo libre. Y eso, en sí mismo, merece tu atención. ¿Qué opinas?


2 comentarios

  1. Que tienes razón, justo hoy pensaba en eso, que había descubierto el modo de volverme esclavo de mi mismo, hago exactamente lo que quiero-tengo que hacer, pero, aislé uno de los 5 objetivos (entre los nobles o lastre) y dejé de considerarlo, y es la entretención, no sé si por eso me estoy sintiendo cada vez mas enfermo, o simplemente por no cuidarme mucho al nadar en el mar, pero tiene mucho sentido, lo reconsideraré con más cuidado, a veces nos segamos por nuestras ambiciones jeje gracias, saludos.


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